Publicidad

Publicidad

Publicidad

Foto

Texto

Cuenta su historia Michelle Knight tras década en cautiverio

o-MICHELLE-KNIGHT-facebookSAN JUAN  – Luego de más de una década de sufrir los abusos y vejámenes de su secuestrador, Michelle Knight, ha decidido convertirse en la voz de quienes han perdido la propia olvidados por la sociedad tras las primeras planas que anunciaron sus desapariciones.

“Cuando yo estuve desaparecida no había nadie que se preocupara por mí. Ahora quiero que los niños que están desaparecidos hoy sepan que, sin importar que los conozca o no, serán recibidos con los brazos abiertos cuando regresen a casa, que son amados y que las personas les echan de menos”, dijo Knight durante una entrevista en San Juan.

En el prefacio de su libro ¡Libre al Fin!, la joven víctima de secuestro señala que estos eventos son noticias de primera plana, pero que “se van desvaneciendo con el tiempo y es fácil olvidar a todos aquellos que aún siguen perdidos”.

Estadísticas no oficiales señalan que en Estados Unidos se reportan unas 2,300 personas diariamente. En Puerto Rico, de acuerdo con las estadísticas de la Policía, una persona desaparecida cada día.

“Hay cerca de mil personas desaparecidas en cada estado desde las edades de tres o cinco años, hasta adultos”, dijo Knight.

Nacida y criada en la ciudad de Cleveland, Ohio, Knight fue secuestrada en agosto de 2002 cuando salía de una tienda a donde había entrado a preguntar por una dirección. El secuestrador, Ariel Castro, un hombre de poco más de 40 años era el padre de una excompañera de clases de Knight, se había ofrecido a llevarla a donde iba. Poco tiempo después de haberse subido al vehículo de Castro, la joven habría de reconocer “el error más grande de su vida”.

Desde el primer día en que Castro la llevo a la casa en uno de los vecindarios más pobres de Cleveland, Knight fue golpeada, violada y torturada constantemente.

Casi a diario, y a medida que la tortura se hacía más intolerable, la joven pensaba que moriría en aquella casa.

“Es lo único en lo que puedes pensar [en la muerte] cuando pasas de la consciencia a la inconsciencia constantemente y no puedes funcionar y no sabes qué día es o qué hora es, y lo único que distingues la claridad o la oscuridad”, dijo Knight.

Para la joven secuestrada sus años de cautiverio representaron un ejercicio en adaptación –“te tienes que adaptar porque si no, no sobrevives”– que comparó a la habilidad natural del camaleón, que es capaz de cambiar de color para confundirse con el ambiente para protegerse. De igual manera era un ejercicio en sobrevivencia.

“Es como si vivieras en una isla [desierta], donde no tienes ropa y no tienes comida… tienes que aprender a hacer tu ropa, a cazar tu comida… al principio es bien difícil pero según pasan los días vas aprendiendo como hacerlo aunque quisieras no hacerlo…”, dijo.

Ante la apabullante realidad de violaciones y abusos diarios que debía vivir, Knight lograba mantener su asidero con la vida recordando a su hijo.

Madre soltera desde los 17 años, Knight relata en su libro que el recuerdo de su hijo, quien tenía apenas tres años de edad al momento de que su madre fuera secuestrada, le sirvió de motivación para luchar y sobrevivir el calvario que sufría. A pesar de dedicarle un considerable número de páginas en el libro a su hijo, durante la entrevista Knight sólo se limitó a mencionar como el recuerdo de su sonrisa y sus “te quiero mucho mami” la ayudaban a pasar sus días en cautiverio.

El niño, que al día de hoy es un adolescente, fue cedido en adopción por el estado a otra familia, mientras Knight estuvo secuestrada. Limitaciones legales impiden que ella comete para los medios de comunicación sobre el niño.

En otras ocasiones tanto Knight, como Gina de Jesús, otra de las jóvenes que Castro secuestró después, y que mantuvo prisioneras en la misma casa que a ella, se refugiaban en la escritura y el dibujo para poder hacer tolerable su encierro.

“El día que el tipo nos dio ese primer lápiz nos preguntamos ‘¡Wow! ¿Qué vamos a hacer con esto? ¿De qué vamos a escribir?’ Podíamos escribir canciones, como nos sentimos, como es nuestro día…”, dijo Knight al recordar el día en que Castro le dio a ella y a De Jesús un lápiz y una libreta.

En otras ocasiones las dos muchachas decidían bailar, aunque no se sintieran del todo bien.

“Un día decidimos ‘a quien le importa lo que piense la gente’, vamos a bailar y a tratar de disfrutar lo que se pueda. Nos preguntamos: ‘¿Qué es mejor? ¿Sentirnos tristes, deprimidas por lo que estábamos viviendo, o disfrutar la poca vida de la que disponíamos? ’… Esas son las cosas que usualmente damos por hecho –el poder cantar, el poder bailar…– y no deberíamos darlas por hecho”, recordó Knight.

De manera similar que con su hijo, Knight está impedida legalmente de hacer declaraciones acerca de De Jesús o de Amanda Berry, la otra joven secuestrada. Durante la entrevista hablo en primera persona plural (nosotras) cada vez que se refería a las experiencias compartidas con De Jesús.

Ya pasados más de dos años desde que fuera rescatada de su secuestrador, Knight esta agradecida de “esta segunda oportunidad para vivir” y asegura no tener otro deseo que aprender a amarse más a sí misma y prestar su voz a quienes han perdido la suya y aún esperan por regresar a sus hogares.

Los comentarios para este artículo han sido cerrados.